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domingo, 15 de marzo de 2015

CUIDADO: NO PISAR

Podría comenzar preguntando al lector por la ubicación de la fotografía, pero adelantaré - para enfatizar mi reflexión callejera - que se trata de la plaza principal de la tercera ciudad de España. Es mediodía, pasadas las dos de la tarde, día fallero después de la "mascletà". 

Encuadran la imagen tres pares de extremidades inferiores humanas -no he querido decir con raciocinio- que toman con prisa y descaro direcciones muy diversas; eso sí, cumplen a rajatabla el letrero imaginario que musitan mis labios cada vez que tropiezan con escenas de barbarie incívica como la que traigo a colación. 


Está demostrado que estos tres no pisan, pero otros cientos poco antes lo hicieron, así como otros más liberaron sus manos ruines y faltas del mínimo decoro al dejar caer sobre el asfalto urbano -y común de todos los valencianos- restos de su personalidad y de su vileza en forma de latas, plásticos y papeles que guardaban en su interior calorías y múltiples aditivos para calmar los instantes previos a los truenos diarios de fiesta fallera que les convocan.

Ni que decir -siento reconocerlo- que así estaba toda la plaza y adyacentes, que ocurre todos los días y no solamente en el centro de la ciudad. Ya no se trata del gasto en impuestos municipales que cuesta adecentar los espacios comunes, más bien lamento que no haya conciencia cívica más allá de unos pocos ciudadanos normales, sin pretender hallar en el entorno modelos urbanos cuyas bases de convivencia nadie se atreva a pisar.

sábado, 10 de agosto de 2013

ESPERANDO PLANTADA


Cuando salió del taller en un gran camión y atravesó Valencia hasta el cruce de Sueca-Literato Azorín, la gran niña fallera no sabía que eso iba a ser tan aburrido. LLegó junto con muchos otros y fue ubicada enseguida; pero luego pasaron horas y más horas hasta que se hizo de noche y nadie le dijo hasta cuándo. Artistas, operarios, grúas, luces y ruidos muy diversos a su alrededor, pero sin hacerle ni caso mientras esperaba plantada. Ella no sabía que, una semana después de ser alumbrada por la mejor iluminación de Valencia, ambientada con música festera, visitada por miles de curiosos, falleras y falleros, turistas y expertos, pasaría a formar parte de la historia de Valencia en Fallas tras un ritual de fuego que por esas fechas inmortaliza ese ciclo anual para poder comenzar el siguiente un instante después.